CAMBIO CLIMÁTICO 2001:
Informe de síntesis
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Figura 2–3: La temperatura de la superficie terrestre se ha incrementado en unos 0,6º C por encima del récord de mediciones directas de la temperatura (1860– 2000, panel superior), aumento sin precedentes, al menos a juzgar por los datos de temperaturas obtenidos por representación en el Hemisferio Norte durante el último milenio (panel inferior). En el panel superior se muestra la temperatura media de la superficie de la Tierra para cada año (las barras rojas, y las gamas de mucha probabilidad se muestran como líneas muy finas en negro) y aproximadamente decenio por decenio (en líneas rojas continuas). Los análisis tienen en cuenta las deficiencias en los datos, errores instrumentales aleatorios e incertidumbres, incertidumbres en correcciones por márgenes de error en los datos sobre la temperatura de la superficie de los océanos, y también en los ajustes para el desarrollo urbano. El panel inferior combina los datos por representación (la línea azul muestra datos año por año, las gamas de mucha probabilidad, con una banda gris, y la media para cada 50 años, con una línea violeta) y las medidas directas de temperaturas (línea roja) para el Hemisferio Norte. Los datos por representación consisten en anillos de árboles, corales, placas grandes de hielo y registros históricos que han sido calibrados con los datos obtenidos con termómetros. No se cuenta con datos suficientes para evaluar dichos cambios en el Hemisferio Sur.

TIE GTI Figuras RRP–1, 2–7c, y 2–20

 
Figura 2– 4: La simulación de la variación de temperaturas (º C) y la comparación de los resultados con los cambios registrados nos permiten comprender mejor las causas que producen los principales cambios. Se puede utilizar una simulación climática para simular los cambios de temperatura debidos a factores naturales y antropogénicos. Las simulaciones representadas por la banda en a) se basaron únicamente en forzamientos naturales: variaciones solares y actividad volcánica. Las que se muestran en la banda b) se basaron en forzamientos antropogénicos: gases de efecto invernadero y una estimación de aerosoles de sulfato. Y la simulación en la banda c) se basó en forzamientos naturales y antropogénicos. Podemos ver en b) que la incorporación de forzamientos antropogénicos proporciona una explicación para una gran parte de los cambios de temperatura observados durante el siglo pasado, pero la mejor coincidencia con las observaciones se obtiene en c), cuando se incluyen tanto los forzamientos naturales como los antropogénicos. Estos resultados muestran que los forzamientos incluidos son suficientes para explicar los cambios observados, pero no excluyen la posibilidad de que otros forzamientos hayan podido contribuir de alguna manera. Otras simulaciones con forzamientos antropogénicos producen resultados similares a los de b).
TIE GTI Figura 12–7

2.9

Existen pruebas nuevas y más convincentes de que en su mayor parte el calentamiento observado durante los últimos 50 añ os se puede atribuir a actividades humanas.

 
2.10 Es muy probable que el calentamiento observado a lo largo del siglo XX no sea todo de origen natural. Es poco probable que el aumento en las temperaturas en la superficie en los últimos 100 años haya sido causado únicamente por la variabilidad interna. Las reconstrucciones de datos climáticos durante los últimos 1.000 años también indican que el calentamiento observado durante el siglo XX era inusual y probablemente respondía sólo al forzamiento natural: en otras palabras, que las erupciones volcánicas y la variación de la irradiación solar no explican el calentamiento registrado en la segunda mitad del siglo XX (véase la Figura 2–4a), pero pueden haber contribuido al calentamiento observado durante la primera mitad.

GTI TIE RRP & GTI TIE Capítulo 12

2.11 En vista de las nuevas pruebas, y teniendo en cuenta las incertidumbres subsistentes, es probable que en su mayor parte el calentamiento observado durante los últimos 50 años se haya debido al aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero. Estudios de detección y atribución han determinado sistemáticamente pruebas de señales antropogénicas (entre ellas el forzamiento producido por los gases de efecto invernadero y los aerosoles que emiten sulfatos) en los registros climáticos de los últimos 35 a 50 años, pese a las incertidumbres sobre el forzamiento antropogénico producido por aerosoles de sulfato y por otros factores naturales, como los volcanes y la irradiación solar. El forzamiento debido a los sulfatos y a fenómenos naturales son negativos en este período y no pueden explicar el calentamiento (véase la Figura 2– 4a); mientras que la mayoría de estos estudios concluyen que, durante los últimos 50 años, las estimaciones de la tasa y magnitud del calentamiento debido únicamente a los gases de efecto invernadero son comparables o mayores que el calentamiento terrestre observado, (Figura 2–4b). La mejor correlación entre las simulaciones y las observaciones durante los últimos 140 años se encuentra cuando se combinan todos los factores naturales y antropogénicos (véase la Figura 2–4c). Este resultado no excluye la posibilidad de que otros factores contribuyan a dicho forzamiento, y en estos estudios de detección y atribución no se han incluido estos estudios de detección y atribución algunos factores antropogénicos conocidos (tales como el carbono orgánico, el carbono negro (hollín), los aerosoles de biomasa, y algunos cambios en los usos de la tierra). Las estimaciones de la magnitud y distribución geográfica de este forzamiento antropogénico adicional varían considerablemente.

GTI TIE RRP & GTI TIE Capítulo 12

2.12 Los cambios en el nivel del mar, la cubierta de nieves, la extensión de la capas de hielo y la precipitación corresponden al calentamiento del clima cerca de la superficie terrestre (véase el Cuadro 2– 1). Algunos de los cambios observados son de alcance regional, y otros pueden ser fruto de variaciones climáticas internas, forzamientos naturales, o actividades humanas regionales, y no pueden atribuirse únicamente a la influencia humana global.

GTI TIE RRP & GTI1 TIE Sección 4.3.11

2.13 Es muy probable que el calentamiento del siglo XX haya contribuido de manera importante a la elevación observada del nivel medio de los mares y al aumento del calor almacenado en los océanos. El calentamiento impulsa la elevación del nivel del mar, a través de la expansión térmica de los océanos y la fusión generalizada de los hielos terrestres. Sobre la base de los registros de mareógrafos, después de realizar las correcciones por los movimientos de tierra, durante el siglo XX la elevación anual media fue de entre 1 y 2 mm. Los muy pocos registros desde largo tiempo muestran que fue menor durante el siglo XIX (véase la Figura 2–5). Con los límites de las incertidumbres actuales, las observaciones y las simulaciones coinciden en la falta de una aceleración significativa en la elevación del nivel del mar durante el siglo XX. El ritmo de la elevación del nivel del observado mar durante el siglo XX coincide con el de las simulaciones. El calor almacenado en los océanos ha aumentado desde finales del decenio de 1950, fecha desde la que se dispone de las observaciones fidedignas de las temperaturas de la subsuperficie oceánica.

GTI TIE Secciones 2.2.2.5, 11.2, & 11.3.2

2.14 La cubierta de la extensió n de la capa de nieve y hielos han disminuido. Es muy probable que la cubierta de nieve haya disminuido en un 10 por ciento en el Hemisferio Norte desde finales del decenio de 1960 (debido sobre todo a los cambios primaverales en América y Eurasia) y que la duración anual de las capas de hielo en ríos y lagos en latitudes medias y altas del Hemisferio Norte se haya reducido en unas dos semanas a lo largo el siglo XX. También ha habido durante ese siglo una retirada generalizada de los glaciares montañosos en regiones no polares. Es probable que la extensión de la placa de hielo marino durante primavera y verano en el Hemisferio Norte haya disminuido de un 10 a un 15 por ciento entre el decenio de 1950 y 2000, y que el espesor del hielo marino en el Ártico se haya reducido a un 40 por ciento a finales del verano y a principios del otoño, a lo largo de los tres últimos decenios del siglo XX. Aunque entre 1978 y 2000 no se ha registrado ningún cambio en la extensión general de los hielos marinos en la región antártica paralelamente al aumento de la temperatura media de la superficie de la Tierra, el calentamiento regional en la Península Antártica coincidió con el derrumbe de la placa de hielo Prince Gustav y partes de la placa de hielo Larsen durante el decenio de 1990, pero la pérdida de estas placas de hielo han tenido pocos efectos directos.

GTI TIE RRP Sección 2.2.5

2.15

Es muy probable que las precipitaciones hayan aumentado durante el siglo XX en un 5– 10 por ciento en la mayor parte de las latitudes medias y altas de los continentes del Hemisferio Norte, pero, en cambio, que hayan descendido en un 3 por ciento en gran parte de las zonas terrestres subtropicales (véase la Figura 2–6a). Es también muy probable que el aumento de la temperatura media de la superficie de la Tierra produzca cambios en la precipitación y la humedad atmosférica como consecuencia de los cambios en la circulación atmosférica, un ciclo hidrológico más activo, y aumentos en la capacidad de la atmósfera para retener agua. Durante la segunda mitad del siglo XX probablemente se ha registrado un aumento de unos 2–4 por ciento en la frecuencia de las precipitaciones intensas en latitudes medias y altas del Hemisferio Norte. Asimismo hubo aumentos a corto plazo relativamente pequeños a lo largo del siglo XX en las regiones terrestres azotados por graves sequías o inundaciones, pero en muchas regiones en cambios se debieron a una variabilidad climática dentro de un decenio determinado o entre un decenio y otro, sin que se haya registrado ninguna tendencia significativa a lo largo del siglo.

GTI TIE Secciones 2.5, 2.7.2.2, & 2.7.3



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