CAMBIO CLIMÁTICO 2001:
Informe de síntesis
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2.6

Un número cada vez mayor de observaciones ofrecen una visión cada vez más completa del calentamiento de la Tierra y de otros cambios en el sistema climático (véase el Cuadro 2–1).

 

2.7

La temperatura media mundial de la superficie de la Tierra ha aumentado desde el decenio de 1860 a 2000, el período de registro instrumental. Durante el siglo XX este aumento fue de 0,6°C con una gama muy probable (véase el Recuadro 2–1) de confianza de 0,4–0,8°C (véase la Figura 2–3). Es muy probable que el decenio de 1990 fuera el período más cálido, y el 1998 el año más caluroso desde que tenemos registros instrumentales. Si ampliamos los registros instrumentales con datos de representación del Hemisferio Norte, vemos que en los últimos 1.000 años, el aumento de temperatura durante el siglo XX puede haber sido el mayor registrado en cualquier siglo, y el decenio de 1990, el más caluroso de todos (véase la Figura 2–3). No se dispone de datos suficientes sobre el Hemisferio Sur antes de 1860m que permitan comparar el calentamiento reciente con los cambios registrados durante los últimos 1.000 años. Desde 1950, el aumento de la temperatura en la superficie del mar es cerca de la mitad del aumento de la temperatura media del aire en la superficie terrestre. Durante este período la temperatura media diaria mínima nocturna sobre la tierra ha aumentado a un promedio de 0,2°C por decenio, cerca del doble del nivel de aumento correspondiente en la temperatura máxima diurna del aire. Estos cambios climáticos han prolongado la estación sin heladas en muchas regiones de latitudes medias y altas.


GTI TIE, RRP & GTI TIE Secciones 2.2.2, 2.3.2, & 2.7.2

Figura 2–1: Los registros de cambios ocurridos en la composición atmosférica durante el último milenio indican un rápido aumento de gases de efecto invernadero y de aerosoles de sulfato, que se puede atribuir principalmente al crecimiento industrial desde el 1750. Los tres paneles superiores muestran las crecientes concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono (CO2), metano (CH4), y óxido nitroso (N2O) durante los últimos 1.000 años. Los primeros datos esporádicos tomados del aire atrapado en el hielo (símbolos) coinciden con las observaciones atmosféricas continuas en los últimos decenios (líneas continuas). Estos gases se encuentran bien mezclados en la atmósfera, y sus concentraciones reflejan las emisiones de fuentes en todo el planeta. La estimación del forzamiento radiativo positivo de estos gases se indica en la escala situada en la parte derecha. El panel inferior muestra la concentración de sulfatos en testigos de hielo tomados de Groenlandia (que se muestra con líneas correspondientes a tres testigos diferentes) de los que se han suprimido los efectos episódicos de erupciones volcánicas. Los aerosoles de sulfato provenientes de las emisiones de dióxido de azufre (SO2) se depositan en la superficie, y no se mezclan bien en la atmósfera. Específicamente, el aumento de sulfato depositado en Groenlandia se atribuye a las emisiones de SO2 de Estados Unidos y Europa (mostradas como sí mbolos), y ambos muestran un descenso en los últimos decenios. Los aerosoles de sulfato producen un forzamiento radiativo negativo.

TIE GTI Figuras RRP–2, 3–2b, 4–1a, 4–1b, 4-2 y 5–4a

Figura 2–2: La influencia de los factores externos sobre el clima puede compararse en términos generales utilizando el concepto de los forzamientos radiativos. Dichos forzamientos radiativos surgen de los cambios en la composición atmosférica, la alteración de la reflectancia de la superficie terrestre, debida a cambios en el uso de las tierras, y la variación de la producción del sol. Con la excepció n de la variación solar, hay alguna forma de actividad humana asociadas con cada uno de estos fenómenos. Las barras rectangulares representan las estimaciones de las contribuciones de estos forzamientos, algunos de los cuales producen calentamiento y otros, enfriamiento. No se muestran los forzamientos debidos a fenómenos volcánicos, que causan forzamientos negativos que sólo duran unos años. El efecto indirecto de los aerosoles que se indica son los efectos sobre el tamaño y el número de pequeñas gotitas en las nubes. Tampoco se muestra un segundo efecto indirecto de los aerosoles sobre las nubes, concretamente, su efecto sobre el tiempo de vida de la nube, l que también produciría un forzamiento negativo. Los efectos de la aviación sobre los gases de efecto invernadero se incluyen en cada una de las barras. La línea vertical que se cruza las barras rectangulares indica una gama de estimaciones, que se guían por el abanico de los valores publicados de los forzamientos y por nuestros conocimientos actuales de los aspectos físicos del fenómeno. Algunos de estos forzamientos presentan un mayor grado de certeza que otros. Una línea vertical sin una barra rectangular denota un forzamiento para el que no se puede dar una mejor estimación debido al gran número de incertidumbres. Tal como se ha indicado, el nivel general de nuestros conocimientos cientí ficos sobre cada uno de los forzamientos varía considerablemente. Algunos de los agentes de forzamiento radiativo (el CO2, por ejemplo) se encuentran muy mezclados por todo el planeta, desestabilizando el equilibrio mundial del calor. Otros (por ejemplo, los aerosoles) representan perturbaciones que son más poderosas en una regiones que en otras, ya que están distribuidas de forma irregular. Los forzamientos radiativos continúan siendo una herramienta muy útil para estimar, en primer lugar, los impactos relativos del clima, como la respuesta de la temperatura media relativa en la superficie de la Tierra debida a perturbaciones inducidas radiativamente, pero estas estimaciones de forzamientos medios relativos no son necesariamente indicadores de los aspectos detallados de posibles respuestas climáticas (por ejemplo, los cambios climáticos regionales).

TIE GTI RRP, TIE GT Capítulo 6 RE, y TIE GTI Figuras RRP–3 y 6–6



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